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Encuesta IH Madrid: ¿Es la cocina británica tan mala como dicen? (II)

Publicado por Luis Herrero on Wed, Nov 11, 2015

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En la primera parte de este artículo no nos anduvimos con paños calientes a la hora de mostrar por qué los británicos no son la alegría de la huerta a la hora de sentarse a la mesa. Confiamos en que esta segunda parte sirva para mostrar cómo algunos manjares han logrado colarse en el Imperio de lo Hervido. Que es posible, en fin, comer a las mil maravillas por esos lares si uno sabe cómo, y que no basta sólo con aprender inglés para desenvolverse en el extranjero.

Por ejemplo, los puestos de comida callejera están bastante extendidos en el Reino Unido, principalmente debido a la influencia americana; conviene dejarse caer por alguno de los múltiples mercadillos de comida que hay a lo largo y ancho del país, porque en ellos suele mostrarse en todo su esplendor el cosmopolitismo de la gastronomía británica. Por ejemplo, el célebre mercado de Candem (Londres) está abarrotado de ellos, y son una parada perfecta en la que hacer un alto tras callejear entre otros puestos. El gobierno dispone de una página oficial, Street Food, en la que facilita información sobre todos estos mercados, su ubicación y lo que es posible encontrar en cada uno. 

Es muy habitual que la gente compre frutas y legumbres de excelente calidad en fruterías de barrio o mercados, evitando pasar por el supermercado. De lo que sí se sirven a menudo, sin embargo, es de las comidas precocinadas, algo que tampoco es extraño en nuestro país, y que ha aumentado en los últimos años. Por eso, un recurso útil para quien desee encontrar los mejores productos, frescos y sin haber pasado aún por cocina alguna, es dirigirse a los mercados de comida local. De nuevo, en esta web podéis consultar dónde se encuentran, clasificados por localidades y con información sobre los productos en que cada uno está especializado: no parece demasiado completa, pero tal vez amplíen su contenido con el tiempo.

Como tampoco es nuestra intención ofrecer un repertorio de recetas, comentaremos tres de las aportaciones británicas más importantes a la gastronomía, que haberlas, haylas, y bien conocidas:

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Sándwich: su historia es un asunto fascinante –bueno, tampoco exageremos, pero tiene su interés-: su origen es aristocrático y proviene, como tantas grandes cosas, de un exceso de pereza. Aunque no se considera su inventor, el aristócrata John Montagu tiene buena parte de culpa en la popularidad de este primo cercano del bocadillo; según se cuenta, su afición a jugar larguísimas partidas de cartas, junto con su reticencia a hacer un alto y levantarse para picotear algo, le llevó a solicitar a su sirviente que le trajera algo de comer entre dos rebanadas de pan, de forma que no se manchara los dedos y engorrinara las cartas.

Como sobre toda buena historia sobre los orígenes de algo circulan diversas variantes, esta no iba a ser una excepción: “La primera semilla de la historia del bocadillo la hallamos en un hombre judío conocido como Hillel El Viejo. Hablamos nada más y nada menos que del siglo I a.C. Hillel juntaba entre dos matzohs (un pan de corte plano tradicional en la comida judía) pedazos de manzana y nueces que mezclaba con distintas hierbas y especies” (extraído de la web Bocamarket). Sea como sea, tanto el sándwich como los bocadillos son hoy un invento popular a lo largo y ancho del globo, algo de lo que debemos congratularnos al margen de que felicitemos al bueno de Montagu o a Hillel el Viejo cuando nos metamos entre pecho y espalda un sabroso pan con jamón (diga lo que diga la OMS).

Té: No podemos atribuirles a los británicos la invención del té -cuyo origen es chino y se remonta al año 250 a.C.- pero sí su popularización allende los mares y la consolidación de una refinada ceremonia en el imaginario colectivo. Llegó a Holanda y reino Unido a principios del siglo XVII, y hacia medidos del mismo siglo se puso tan de moda en las islas que su consumo se daba tanto entre las clases altas como las bajas; de hecho, se dice que sustituyó a la ginebra como brebaje preferido de estas últimas, logro en absoluto desdeñable. Es algo similar a lo que ocurre con el pollo tikka masala, del cual hablamos en la primera parte del artículo: aunque no es un plato británico, se consume en las islas con tal abundancia y se prepara con tanto refinamiento que ha adquirido el estatus de símbolo gastronómico nacional por derecho propio. 

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Fish and chips: sea o no santo de nuestra devoción, lo cierto es que este plato es de los que se asocian instantáneamente a la cocina británica. Y no deja de tener cierta gracia que su origen sea, precisamente, el pescaíto frito tan conocido en el Sur de España, cuyo consumo ya aparece registrado en escritos del siglo XVIII. Ya con el nombre de fish & chips, la primera mención a los establecimientos que lo servían figura en la novela Oliver Twist, de Charles Dickens. Desde entonces ha sufrido una importante evolución -o involución, según se mire, y en la actualidad es la especialidad inglesa en lo que a comida rápida se refiere.

Pese a que es un plato que nunca ha tenido especial buena prensa y que no se considera muy saludable, existen unos galardones con los que premian a los establecimientos que preparan los de mayor calidad: los Fish & Chips Awards. En cualquier caso, la mejor forma de evitar una fritura indeseable y grasienta es preparar por cuenta propia este plato, como explican en esta receta

Animamos a los alumnos de IH Madrid a que nos deis vuestra opinión y expliquéis cuáles son vuestros platos preferidos y los motivos por los que apreciáis o no la cocina inglesa.

¡Esperamos vuestras respuestas aquí o en el Facebook de International House Madrid!

Y recordad que nada hay mejor para conocer la cocina inglesa que hacerloin situ, gracias a nuestros viajes al extranjero. Visita nuestra página web para conocer todas las opciones disponibles para aprender inglés fuera de España

Temas: Cultura, Viajes Lingüísticos