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¿Debemos preservar los idiomas en riesgo de desaparición? (II)

Publicado por Luis Herrero on Wed, Apr 5, 2017

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En la primera parte de este artículo analizamos cuántos idiomas están en peligro de extinción, y nos terminábamos preguntando si conviene realmente preservar contra viento y marea los idiomas en riesgo de desaparición o si, por el contrario, es mejor dejarlos al albur de la selección natural, por así decirlo. En el blog de International House Madrid hoy trataremos de presentar los mejores argumentos para sostener cada postura, pero sin decantarnos por una u otra. Sabemos que es un terreno delicado y sembrado de controversias, así que os animamos a que nos dejéis vuestra opinión en los comentarios. Allá vamos: 

¿Por qué deberíamos preservar un idioma minoritario?

  • Representa una forma de ver el mundo: a menudo se esgrimen argumentos cercanos al neodarwinismo para alegar que la reducción del número de idiomas es un fenómeno natural que no deberíamos obstaculizar en nombre de un romanticismo mal entendido, pero contra esta postura se esgrime que un idioma representa una forma de ver el mundo y no solo un conjunto de palabras fácilmente sustituibles por otras. Una prueba de ello es que no todas las expresiones son traducibles a otros idiomas por carecer de un equivalente, y por eso muchos sienten que la pérdida de su idioma materno equivale a que a su vez se desgaje una parte de su propia personalidad. 
  • Mantener la diversidad: a menudo se compara la desaparición de los idiomas con la desaparición de especies de animales o plantas. Perderlos implicaría, ante todo, una reducción de la diversidad, algo que conduce, según esta línea de pensamiento, a que nuestro mundo sea un lugar más gris y aburrido, a que se allanen las diferencias que dan color al trato con nuestros semejantes. Reconocer la existencia de idiomas diferentes del nuestro nos conduciría, en cambio, a ser más abiertos de mente y a fomentar el aprendizaje de aquello que nos resulta ajeno.
  • Preservar la herencia cultural: por ejemplo, un idioma como el cheroqui -hablado por la comunidad indígena del mismo nombre- dispone de términos para referirse a las miles de plantas, frutos, bayas, etc. que crecen en la región que habitaron durante siglos: si se pierde su idioma, también con ello desaparece un vasto conocimiento heredado sobre las propiedades de la flora que estudiaron a lo largo de generaciones. Tengamos en cuenta, además, que no todos los idiomas tienen tradición escrita, de forma que la única manera de preservarlos pasaría por entender su expresión oral –y para ello han de existir hablantes, como es obvio.

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¿Por qué no debería preocuparnos la desaparición de idiomas?

  • Un idioma es un instrumento, no un ser vivo: en contra de quienes trazan la analogía entre la diversidad biológica y la diversidad idiomática, el lingüista Salikoko Mufwene señala, no obstante, que es un error comparar un idioma con un animal, y que las lenguas nacen, cambian y mueren constantemente según los usos de sus hablantes. El idioma, en fin, no deja de ser una herramienta, por más bella y sofisticada que pueda resultarnos.
  • Los idiomas nos separan. Esta idea ya se encuentra en el mito de la Torre de Babel. Y el lingüista Peter Ladefoged señala que la convivencia entre diferentes etnias de una misma zona a menudo se ve dificultada por el uso de diferentes idiomas, lo que en última instancia sería un factor de inestabilidad social. Especialmente en países con gran diversidad lingüística, manejar lenguas disímiles podría reforzar la sensación de otredad entre los grupos enfrentados. 
  • Representa un exotismo mal entendido: no faltan los casos en que la preservación de un idioma no es algo que soliciten activamente sus hablantes, sino una medida que se toma en países ajenos a su zona de influencia. Que –por poner un ejemplo sencillo-, en ocasiones un lingüista americano o europeo percibe un idioma foráneo como una curiosidad etnológica, pero no se detiene a pensar en si sus hablantes realmente desean seguir conservándolo. Muy a menudo, estos preferirían conocer un idioma mayoritario para ampliar sus perspectivas de futuro y poder viajar o encontrar trabajo con mayor facilidad, y esto entra en conflicto con cierta visión romántica sobre la función de los idiomas que desdeña su aplicación práctica: el mero entendimiento interpersonal.

Por supuesto, esta es solo una breve selección de los cientos de argumentos que suelen emplearse para defender cada postura. Tengamos en cuenta, además, que existen muchas posiciones intermedias: por ejemplo, aquella que defiende el valor de invertir grandes esfuerzos en estudiar y conservar un registro fiel de las lenguas en peligro de desaparición, pero no así en mantenerlas vivas de forma artificial o por motivos meramente políticos. En el primer caso, el conocimiento de dichas lenguas puede aportarnos conocimientos lingüísticos relevantes, de la misma forma –salvando las distancias- que nos lo proporciona el conocimiento de lenguas muertas como el latín o el griego. Pero no sería necesario que existieran hablantes de dicho idioma para que su estudio obtuviera frutos.

En cualquier caso, resulta interesante comprobar que en un futuro próximo la existencia de múltiples lenguas podría no suponer un problema similar al actual: este sofisticado traductor instantáneo haría que todo el mundo pueda entenderse con cualquier hablante de otra lengua mediante un cómodo artilugio. Es decir, romperíamos la mentada maldición de Babel sin necesidad de que exista una lengua franca en la que todos podamos entendernos. Aunque todavía faltan años para que este gadget sea aplicado con eficiencia, no cabe duda de que el futuro nos depara sorpresas que podrían trastocar nuestra visión actual de los idiomas. 

Como por el momento el aprendizaje de otros idiomas no es un capricho, sino una necesidad, te recomendamos que visites la web de IH Madrid para informarte sobre los mejores cursos para aprender inglés, francés y alemán que puedes encontrar en la actualidad. 

Temas: Cultura, Curiosidades sobre idiomas